Misterio de La dolce vita

Misterio de La dolce vita

El crimen sin resolver que se vincula al final de 'La dolce vita'

El mar había depositado una criatura extraña en las costas de Passo Oscuro. Ante ella se reúne la aristocracia italiana de la noche: periodistas, celebridades, modelos y tipos extravagantes cuyo verdadero nombre nadie conoce. Todos han pasado horas sin dormir, entregados a una fiesta perpetua, y contemplan somnolientos a la criatura.

A través de su ojo muerto, parece devolverles la mirada. Un hombre se separa del grupo porque cree haber escuchado una voz que se dirigía a él. Está en lo cierto: una chica lo ha reconocido, pero él no puede escucharla. Está demasiado lejos. Antes de darle la espalda, el hombre se encoge de hombros en un gesto que nadie ha repetido nunca.

Solo podía hacerlo Marcello Mastroianni. Así termina La dolce vita, una de las películas fundamentales del pasado siglo y una de las más influyentes del cine europeo.

Mil veces elogiada y otras tantas veces copiada —alguna calcomanía llegó incluso a ganar el Oscar—, La dolce vita es uno de esos tótems de reverencia obligatoria que todo cinéfilo debe visitar con frecuencia.

Menos conocido es que su desenlace se relaciona con uno de los casos más truculentos de la crónica negra italiana: el asesinato de Wilma Montesi.

Stephen Gundle no fue el primero en establecer una relación entre la película de Fellini y el caso Montesi, pero sí fue el encargado de trasladar aquella asociación conflictiva a un libro titulado La muerte y la dolce vita.

Fellini, por su parte, nunca reconoció haberse basado en el asesinato de Wilma Montesi para su película, pese a la contundencia de las pruebas. Wilma Montesi era una joven romana de 21 años que, una tarde de abril de 1953, salió de casa llevando únicamente las llaves en el bolsillo.

Todo lo demás —la documentación, la infalible fotografía de su prometido que llevaba a todas partes y unas joyas de las que nunca se separaba— quedó en su habitación. A Wilma no se la volvería a ver con vida.

El mar devolvió su cadáver días más tarde en la playa de Torvajanica, a 40 minutos en coche del lugar donde se rodó el final de La dolce vita. Un grupo de pescadores encontró el cuerpo de Montesi y dio la voz de alarma.

El veredicto médico fue que había muerto ahogada, aunque algunos datos hacían pensar en un asesinato: a Wilma Montesi le faltaban varias prendas de ropa y, muy probablemente, había sido arrojada inconsciente al agua. El caso se cerró con urgencia, una decisión que no satisfizo a la población de la que Wilma era originaria.

Como respuesta se planteó una teoría que aún no ha sido descartada: la joven había sido contratada o manipulada para participar en las orgías clandestinas que la aristocracia italiana celebraba en una localidad próxima. Durante la noche, algo había ocurrido y los integrantes de la dolce vita se habían deshecho de ella.

La publicación de un reportaje sobre Wilma Montesi democratizó el escándalo. Según el periodista, el músico Piero Piccioni —hijo del ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno— había encontrado a Montesi desplomada tras la fiesta debido al consumo de drogas y, aterrorizado, había conducido con ella hasta la playa para arrojarla al mar.

Piccioni la creía muerta cuando la depositó en el agua y la vio hundirse. El periodista fue acusado de difamación, pero encontró testigos que respaldaban su testimonio.

No obstante, el juez falló a favor de Piccioni, quien recurrió a sus poderosos contactos y los presentó para que lo auxiliasen frente a la palabra de mujeres que habían sido prostituidas en fiestas similares a aquella en la que, supuestamente, Wilma Montesi había perdido la vida.

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