El terror a bordo de Ryanair: por qué estalló la ventanilla y cómo se salvó
El pánico se apoderó de un vuelo de Thessaloniki cuando Ljubisa Karović vio cómo su vida pendía de un hilo. En pleno trayecto, una ventanilla se desprendió dejando al pasajero a punto de ser despedido del avión en una de las escenas más aterradoras que se pueden vivir a miles de pies de altura.
Lo que comenzó como un viaje rutinario se transformó en una lucha desesperada por la supervivencia contra el vacío. Aunque la investigación oficial sigue su curso, los expertos coinciden en una hipótesis inquietante: todo apunta a una cadena de fallos iniciada en el motor derecho del Boeing 737-800.
Al parecer, fragmentos desprendidos tras una avería en el motor habrían impactado con una fuerza brutal contra el cristal, provocando la despresurización instantánea de la cabina.
Karović, que aún permanece hospitalizado, sufrió heridas en las manos, sangrado por nariz y boca, quemaduras por fricción y un trauma psicológico que difícilmente podrá olvidar. Muchos se preguntan cómo es posible que no saliera disparado hacia el abismo.
La respuesta es una combinación de física y prevención: llevaba el cinturón de seguridad abrochado. Este pequeño gesto, junto al hecho de que la diferencia de presión se equilibra rápidamente y que el tamaño de las ventanillas dificulta el paso de un adulto, evitó que la tragedia fuera absoluta.
Este tipo de incidentes, aunque extremadamente raros, resucitan fantasmas del pasado. En 2018, un fallo similar en un vuelo de Southwest Airlines terminó en tragedia cuando una pasajera falleció tras ser succionada parcialmente.
Más recientemente, otro Boeing sufrió el desprendimiento de un panel en pleno vuelo, aunque por fortuna los asientos estaban vacíos. Los especialistas advierten que, en estos casos, sobrevivir es posible, pero el riesgo de hipoxia y los traumatismos físicos son amenazas reales y constantes.
Expertos en seguridad aérea señalan que el eslabón más débil de la cadena suele estar fuera de la vista de los pasajeros. Se advierte que el aumento de la externalización en la fabricación y el mantenimiento puede comprometer los controles de calidad.
Mientras se esclarecen los hechos, la recomendación de los pilotos es tajante: mantener el cinturón abrochado siempre, incluso cuando la señal esté apagada, y seguir a rajatabla las instrucciones de la tripulación. En un mundo donde la imagen pública choca con la realidad del mantenimiento, la seguridad sigue dependiendo de los procedimientos seguidos al detalle.
